¿Quién necesita una orquesta cuando tiene a Raphael? La respuesta la
vivieron las mil 300 almas que llenaron el Teatro Manuel Doblado la noche de este sábado, en el regreso a León del legendario cantante español.
El “Divo de Linares”, cuya última actuación en la localidad se remonta a
hace un lustro, no requirió más que a un pianista para acompañar uno
más de los conciertos de su gira “Lo mejor de mi vida”, en la que hace
un repaso de atmósfera intimista por su repertorio, con énfasis en su
añeja colaboración con el compositor Manuel Alejandro.
El cantante, que hace nueve recibió un trasplante
de hígado, hizo que esos datos estuvieran más presentes en la memoria de
quienes conocen su biografía que en su actuación, tan plena de ese
histrionismo tan indeleblemente suyo.
Todo de negro, Raphael se coló al escenario en medio de una cálida
recepción del público puesto de pie. El cantante devolvió la cortesía
cambiando la letra de su tema de entrada, “A veces me pregunto”, para
decir “Despierta Raphael, que en León estás”.
Consciente de que en más de medio siglo de carrera ha acumulado éxitos
para dar y regalar, el ibérico no tuvo empacho en lucirse desde el
inicio, con “Yo sigo siendo aquel”, “Mi gran noche” o “Digan lo que
digan”.
Con un escenario flanqueado por escalinatas y con una pantalla donde se
fueron proyectando imágenes de juventud del cantante o visuales
asociados a sus canciones, Raphael evocó sus temas más tempranos, como
“Alta costura”, “A pesar de todo” o “Los hombres lloran también”.
Su voz, expresiva y disciplinada, se
manifestó en todos los matices de la “raphaelidad”, a lo largo de 36
episodios y poco más de dos horas: con visitas a “Tu volverás”, “La
noche”, “Me estoy quedando solo” y, “Ahora”.
“¡Viva la madre que te parió, Raphael!” gritó una de las emocionadas
espectadoras. “Desde donde esté, te lo va agradecer”, respondió con una
sonrisa el cantante, siempre con sus icónicos gestos y movimientos que
repartió por todo el escenario, donde había tres micrófonos, para cantar
donde quisiera.
Señorón de la escena, Raphael llevó al delirio a la audiencia con las
joyas más apreciadas de su repertorio, como “Maravilloso corazón”,
“Estar enamorado es”, “En carne viva”; o con alardes de vitalidad como
“Para volver a volver”, cuyos versos finales cantó a puro pulmón.
El “Divo de Linares” brindó anticipos del disco que editará en abril con temas de Manuel Alejandro, como “Eso que llaman amor”.
En la mejor tradición
del que se despide para que no lo dejen ir, Raphael tuvo su falsa
salida con “Amame”, “Que sabe nadie”, “Yo soy aquel” y “Como yo te amo”.

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