Desde que hace ya casi una década le trasplantaran un hígado, Raphael Martos dice estar en una segunda juventud. Llega con la gira 'Lo mejor de mi vida', en un formato reducido: su voz, y presencia más el pianista italiano Juan Pietranera. Esta noche actuará en un Victoria Eugenia que no pisa desde el 2000, aunque en abril de 2002 estuvo en un Kursaal mayor que se le quedó muy chico. Y después, suspendió su compromiso del año 2007, anunciado de nuevo en el Kursaal.
Tan demandado está que da sus entrevistas por teléfono
repartiendo estrictas cantidades de minutos por cada llamada. A un
Rafael Martos Sánchez Bustos Martínez que el año próximo encara los 70
años de edad, se le nota un tanto cascada la voz y ya apenas estira las
eses como en otros tiempos. Es un veterano tranquilo, que acumula seis
nietos. Aunque la edad y las lógicas biológicas se le olviden nada mas
pisar un escenario.
-Está haciendo estas presentaciones, nuevamente antológicas, con un simple pianista: Juan Pietranera. ¿Es italiano-argentino?
-El apellido es italiano, quiere decir piedra negra. Pero él es argentino y descendiente de italianos.
-¿Por qué este formato tan reducido en vez del grupo habitual?
-Cantar con este formato de solo piano en vez de con la
formación habitual y la gran producción que me suele acompañar es muy
bueno porque puedo entrar y salir de las cosas, en este caso de las
canciones, a mi antojo. No tengo que estar sujeto a un ritmo, a una
banda. Y siempre que voy a teatros procuro hacerlo así. La primera vez
que usé este formato fue hace seis años, cuando hice una gira así
durante dos años enteros y fue un éxito muy grande en todas partes, en
todos los países que yo visito. Y lo he vuelto a repetir ahora, me
quedan unos dos meses de gira, porque me siento muy cómodo en el
escenario. La palabra es cercanía, la gente me siente mucho más cercano.
-¿No es un truco ante la crisis para reducir producción y
presupuesto, como esos actos teatrales que se reducen a duetos o
monólogos?
-No, para nada. No es un truco sino que hay que tener
unas facultades muy especiales para hacerlo así. Y sigo con mi banda,
pero dependiendo de los aforos puedo permitirme este lujo. Porque hacer
los conciertos a solo piano es un lujo. Aunque es muy difícil para mi,
porque cantar solo con un piano es arriesgado. Lo que pasa es que así
nacen las canciones, al piano. Es como volver atrás. Es muy excitante y
contagio esa excitación al público.

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