Raphael irradia una vitalidad exultante en la conversación telefónica que mantiene con este diario. El cantante de Linares, mito viviente de la música popular española, inició en abril, en México, su última gira, 'Mi gran noche'; desde entonces, se ha echado a la espalda cerca de 40 conciertos en Estados Unidos, Canadá, Puerto Rico y España. Mañana y pasado, Raphael visitará el Gran Teatre del Liceu para repasar su leyenda en lujoso formato panorámico.
Hace 10 años fue sometido a un trasplante de hígado. ¿Hasta qué punto le cambió la vida?
–¡Hombre! Figúrese. Para mí el trasplante fue volver a nacer. Sobre todo porque me han puesto un motor que más que un motor es un trueno. Comparo mi fuerza de ahora con la que tenía a los 30 años. No querría exagerar y decir que estoy como cuando tenía 18 años, pero sí como cuando tenía 30. Y además la energía no va a menos, va a más, a más, a más (risas). Supongo que, como la función orgánica del hígado es depurar y depurar y depurar todo lo que se encuentra que no está bien, pues esa es la razón de que cada día me encuentre mejor.

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