martes, 12 de agosto de 2014

Raphael emocionó a Cambrils a base de himnos sobre el amor. Casi tres horas

El huracán Raphael arrasó Cambrils y dejó como escena final una multitud –señoras, jóvenes y algún chiquillo–, agolpada ante el escenario del Parc del Pinaret mientras el Niño de Linares seguía saludando y lanzando besos al público como una diva folclórica, como había hecho desde el principio del show. Se acercaban ya las tres horas de duración de un concierto (todo del tirón, ni bises ni descanso) épico y grandilocuente.
El mito jienense actuó en el Festival Internacional de Música de Cambrils para inaugurar su nuevo espectáculo, 'De amor & desamor'. Pero con él da igual el nombre con el que bautice a la gira o al nuevo disco: esto es Raphael y sus canciones inmortales de siempre, de toda la vida, y su gustarse, su inabarcable ego en el escenario, sus ademanes icónicos.
Ante cerca de unas 1.500 personas, Raphael arrancó con artillería como 'Mi gran noche' o 'Provocación' –todo letrazas y composiciones de vértigo–. El público se entregó a las primeras de cambio: si él sonreía, aplausos; si él saludaba agradecido entre canción y canción, más aplausos; si hacía el gesto de quitarse la chaqueta, ovación; si se dejaba ir en un arrebato, grada en pie y delirio.

Baladas y medios tiempos
Excesivo, volcánico, expansivo y, en esencia, bestia parda escénica que gesticula y baila, a veces deslizando los pies. El final de cada tema parecía una apoteosis ya para cerrar el concierto, pero no. Él se va y vuelve mientras la banda, elegante y solvente, continúa a lo suyo, arropando esas baladas y esos medios tiempos clásicos, a veces con alguna concesión al pop-rock ('La canción del trabajo') o al tango ('Nostalgias').
También hubo espacio para el autohomenaje, como en 'Yo sigo siendo aquel', con imágenes antiguas a modo de repaso de toda una carrera que es un canto eterno y desbordado al amor, el motor de todo. Sólo hay que mirar algunos títulos: 'Hablemos del amor', 'Los amantes', 'Eso que llaman amor', 'Maravilloso corazón'. ¿Demasiado azúcar? Sí, pero en esa interpretación paroxista también hubo dolor ('En carne viva') o reivindicación orgullosa ('Digan lo que digan'). Raphael, enérgico tifón vocal, era todo agradecimiento: al público, a Cambrils, a Manuel Alejandro, su «compositor fetiche» y, en el cénit de la gratitud, sabiéndose renacido desde el trasplante de hígado que le salvó hace once años, interpretó una emotiva 'Gracias a la vida', de la cantautora chilena Violeta Parra. Pero Raphael también es subidón. Con 'Escándalo' (y su rap incluido) se enfiló la recta final de hits, mientras algunas parejas se levantaban y se ponían a bailar. El amago punk vino con 'Frente al espejo'. En plan Sex Pistols, Raphael acabó el tema reventando un cristal con una silla. Fue un momento antes del último baño de masas, coletazos del terremoto: 'Como yo te amo', ese himno brindado esta vez al público, en una amorosa comunión final.

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